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miércoles, 17 de abril de 2013

El Crucifijo






Un día lo encontramos de camino a casa, yo lo recogí atraída por el brillo que le daban los rayos de sol, estaba caliente por haber estado en la tierra  tanto tiempo y sucio, mi madre lo miró y dijo ¡qué bonito!, me lo quitó de las manos y lo sostuvo calibrando su peso firme y dijo:
-qué pena, está roto de un brazo… pero si te gusta lo lavamos y se verá muy bonito junto a tu cama
Yo lo recuperé y lo apreté contra mi pecho acunándolo casi susurrando un bajito ¡pobrecito! Al ver su brazo roto. Se trataba de un crucifijo de unos 14cm  con la figura humana de porcelana envejecida y fría al tacto clavada sobre una cruz de un metal que nunca supieron identificar pero muy pesado.
Esa noche hubo mucho calor y todos estábamos malhumorados en la pequeña casa por el sudor que nos dejaba la piel pegajosa y húmeda y por la mezcla de olores haciendo una noche larga y difícil de olvidar, ésa noche morí yo
Jamás imaginamos que al amanecer nuestra rutina familiar se vería alterada y que la sorpresa mayor fuera que yo me había ido, o eso decían ellos, no me sentía especial sólo un poco adormilada, escuchaba mi nombre y era más fuerte el sueño que la intención de responder, después de mucho rato o así me pareció, la voz de mi madre me despertó suavemente y yo estaba muy a gusto acurrucada en su pecho mientras ella me contaba secretos nuestros en voz muy dulce y muy bajita, me dejé querer y me fui alejando suavemente del calor, de las texturas y de los sabores y olores…
Me sentí ligera como una brizna y pude darme cuenta que alguien esperaba que despertara, pero no me animaba a abrir los ojos porque sabía sin que nadie me lo dijera que no vería mi casa ni a mi madre.

Una voz me dijo
-Hola ¿me recuerdas?
Debo confesar que fue el sonido de su voz lo que me abrió los ojos de golpe, lo reconocí como mi todo, la felicidad era tal que la emoción me dominó y dije   ¡regresé!
Todo fue sencillo desde ese momento y mi memoria de quién era yo fue regresando a mí suavemente, asumí las experiencias de lo que fui y en lo que me transformé, miré sus ojos que me miraban divertidos y dijo
-Necesito que antes de iniciar tu próximo aprendizaje, regreses tres veces más a la senda de quien fue tu madre. ¿Sabes? Ella aún no despertará en su memoria y tu ausencia la ha sumido en una tristeza muy honda, necesito le hagas sentir que estás bien y que la quieres, sólo así su amor de madre se sentirá en paz y en armonía de haber cumplido y de saber que todo su amor lo recibes y lo compartes, ¿qué dices?
-pero ¿cómo podré hacerlo?
-te será muy muy sencillo, los sentidos son el enlace entre mundos y tu madre ha elegido aquel viejo crucifijo de porcelana para sentirte cerca, tú estarás dentro unos segundos y el olor de tu cuerpo que sólo una madre reconoce emanará de este objeto en el momento más oportuno para que tu madre sepa que no es obra de la casualidad, te reconozca a ti y me evoque a mí
¿Y cuándo lo haremos?
Pronto…yo te avisaré, es muy importante que seas la fortaleza que la levante cuando la tristeza la resquebraje.
La señal me fue enviada y cerré mi mente a cualquier pensamiento que no fuera la mujer que fue mi madre en mi última vida y escuché su voz que había cambiado un poco del recuerdo que mantenía, estaba más grave y llena de emociones contenidas. La vi… sus ojos estaban un  poco más apagados pero mantenía acurrucado en su pecho el crucifijo que estaba limpio y brillante y me llamó por mi nombre, sé que  fue ese el momento que El escogió porque sus ojos se iluminaron y besó muy despacio la base de la cruz, aún alcancé a escuchar que decía:
-¡Sabía que me podrías escuchar por más lejos que estuvieras!
Con el tiempo mi espíritu se hacía más sensitivo y aprendía a arriesgarme cada vez más en los distintos niveles de conciencia, fue entonces cuando la percibí y sentí la presencia de quien todo lo realza, me dijo
He venido a que hagamos juntos la segunda visita, en la vida de tu madre han pasado varios años y necesita reforzar su confianza en volverte a ver y su amor por mí, ¿estás lista? Dije que sí de inmediato, esta vez el traslado lo hice yo misma, más suave y con el alma llena de deseos de mirarla nuevamente y poder devolverle una sonrisa, aunque solo fuera por un segundo. Ella se encontraba sentada en una silla, en la cocina y el crucifijo estaba colgado de la pared, todo estaba en penumbras y escuché que me llamaba, me deslicé hasta el otro extremo de la cocina, bajo el crucifijo y la miré, ella hizo un gesto de sorpresa y me dijo ¡Te vi! Lloró de emoción y Él me dijo, yo me quedo un poco más que ahora la llamada es a mi nombre… le

mandé a mi madre un silencioso abrazo y atravesé el umbral por segunda vez.
No sé si fue mucho o poco tiempo porque el valor de las horas y días es distinto en donde sigo existiendo, sentí una opresión muy inusual y Él me habló y me dijo, hoy es la tercera y última visita, su cuerpo está listo para dejarla libre y ella está con nostalgia de promesas leídas que hablan de reencuentros con seres que conoció y que ya no están, tú eres uno de esos seres y esta vez no irás sola, es una breve visita de despedida como quienes fueron y una bienvenida a los que serán.
Me intrigó el saber que no iría sola y sin embargo el viaje lo hice en concentración absoluta deseando darle una alegría en un momento tan trascendental, cuando la vi estaba sentada en la misma silla de la última visita y observé que el crucifijo seguía colgado de la pared pero con evidencias de caídas y restauraciones caseras… miré rostros que vagamente recordaba de viejas fotografías de mi madre y antes de poder hacer una pregunta Él me respondió:
Cuando tu abandonaste este nivel fue porque yo decidí que no haría falta que vivieras una existencia completa con todos sus ciclos, no lo necesitabas, al momento que te envié mi regalo me cuidaste y me tuviste una fe abierta, me gustó tu actitud y preferí convertirte en un bastón de enlace para tu madre que  por ese tiempo tenía tantas vidas girando en torno a ella. Fuiste mi enlace para orientarla y alentarla
Me gustó lo que me dijo y mientras me había hablado había llegado el momento que mi madre nos mirara tal como nos conoció, nos despedimos en silencio con la mirada alentándola en el último caminito por andar.
Miré y vi cuando Él la tomaba de la mano y le cerraba los ojos para ayudarla a levantarse dejando su armadura física, le sonrió y le dijo
-¡Hola! ¿Me reconoces?





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